Ayer mismo, papá me dio una lección: "Músico no es aquel que toca un instrumento. Músico es aquel que a través de un instrumento toca el alma y el corazón de las personas."
Me considero fiera. Me considero fiera, pero fiera pasional. Creo que es porque quizás he conocido
a músicos de verdad.
"Llevo años, dieciocho años y 9 meses tratando de saber reaccionar. Acertar en el momento de romper a reír, callar sin que me dediquen unos ojos como platos acompañados de un dedo en vertical presionando los labios, gritar en el momento de la explosión (a solas, al aire), hacerle cosquillas a la tensión de una conversación, levantar la mano y preguntar (preguntar si te gusta la flor del árbol al que intento llegar o mejor la dejo ahí), decir 'no' (nadie puede decirle que no al chocolate, no me juzgues, tú tampoco puedes), recordar los cumpleaños y felicitarlos con el número mínimo de palabras y el máximo de emoción, y no del revés. Hacerme añicos llorando.
Parece mentira, pero aseguro que no siempre he sabido ni sé controlar todo esto.
He descubierto que tengo risas con sostenidos y bemoles, que a veces incluso las adapto inconscientemente. Mis silencios son sólo para compartir. Gritar me desnaturaliza. Las cosquillas me retuercen la vida, me regala protones y me devuelven la calma. Soy demasiado bajita y me encanta preguntar con y sin levantar la mano antes. Digo 'no' sólo y exclusivamente cuando no tengo miedo, o cuando lo tengo. Adoro los cumpleaños de quienes forman parte de mí y felicito con emoción cuando mi dignidad lo decide. Y lo más difícil, he llorado hasta perder la visión, y por fin he descubierto que existen lágrimas de dolor y de sabor. Cuánto escuecen las saladas y qué ricas están con azúcar."
Creo que siempre cuesta relacionar cómo empiezo y termino mis textos. Quiero decir que de pequeña un músico me enseñó que nuestro mejor instrumento es nuestra voz, y que a mí, como fiera, me han hablado más voces que personas y más músicos que instrumentos.