sábado, 21 de marzo de 2015
Primavera, ven a verte.
Nos pasamos el otoño e invierno saludando al mes en su primer día, y a ti ni agua.
Quizá ni agua porque queremos evitar que nos lluevas. Te pasas de la raya a veces. Pero no me parece excusa. Te fotografiaría en cada hoja que devuelves de la vida invernada.
Ven a verte. Vas a llorar. Tanto por las bocas flojas que sonríen hoy porque te has presentado nublada, como por las poesías que hoy te llevan en el título; y esta segunda vez de alegría. O alergia, que también haces de las tuyas haciéndonos cosquillas dentro de la nariz cada vez que vienes. Y aún así no paro de esperarte cada año.
No te escondas, porque sé tu regalo de esta vez. Sé que estás descubriendo mis debilidades y hoy me has querido hacer vibrar las piernas diciéndole al mundo que hoy celebremos el día de la poesía. Casi he llovido más que tú en tus tres meses anuales. Y no me extrañaría nada que lo hayas querido hacer aposta, pues ya era momento de llover por verte a ti, y cerrarle lágrimas a las noches de hielo y miedo, que vienen teniendo las mismas vocales y seguro que sin casualidad.
Déjate ver y ven a verte tú misma. Sé consciente de que hay un refrán que habla de ti porque alteras la sangre. Y adoro pensar que es la sangre de las que hoy están dándole fuerza al día de la poesía y a las que llevan tanto tiempo esperando que pongas un pie con nosotras.
Eres un ave de primera, tu nombre lo dice. Vera, primas. Primas a mi vera, en mi ciudad y en las que he conocido con o sin ti. Perdona mi trabalenguas, a mí también me has alterado la sangre. Ojalá fueras perenne y te diera tiempo a aprender a dejar de llorar tanto, pero aún eres joven, y lo seguirás siendo para mí.
Bienvenida. Quédate.
domingo, 15 de marzo de 2015
Empújame tú, que yo ya ni eso.
'Hacía mucho frío, y ella no se lo esperaba. Ponía un pie en cada escalón pensando si le daría miedo al estar oscuro, y justo al abrir la puerta se sintió movida por el aire, desplazándose por aquel suelo rojizo que siempre deja marca en la suela de los zapatos. El aire la llevó a donde va siempre que necesita pensar, o no pensar. Se asomó por encima del borde y observó que todo sigue igual. Que los autobuses siguen su línea, que el pimiento morrón sigue mal aparcado, que hay tres bancos ocupados en la plaza y algún carrito de bebé.
Le daba igual lo que pasara ahí abajo pero sintió ganas de llorar y tuvo que darle la espalda al paisaje. Tenía las manos en los bolsillos y su barbilla no paraba de tiritar. Y no por frío, pues rompió de nuevo a llorar.
Suena "October" en sus oídos. Su cabeza empieza a balancear de un lado a otro diciendo "no", y ella cae al suelo. Recogió sus piernas y las abrazó para apoyar la frente en las rodillas. No sabía que se le escuchaba como su cuerpo crujía entero al romperse poco a poco. Y decidió levantarse cuando las piernas ya no estaban desmayadas. ¿Para qué? Para darse la vuelta y volver a mirar. Esta vez al horizonte. A aquella luz del puente que siempre le hizo pensar que son estrellas fugaces que estallan continuamente. Y quiso quedarse para pedir un deseo antes de irse.
Frotó la manga de la sudadera por su cara y cogió las llaves para volver, ya había terminado con la estrella fugaz.'
Cualquier persona ahora se preguntaría qué deseo pidió. Cuando en realidad, lo que importa son las cientos de metáforas que me he comido de la historia de esta chica. Porque aunque ha visto tantos agujeros, ha decidido seguir jugando.
sábado, 7 de marzo de 2015
Se me escapó pronunciarte antes de.
Eres. Y eres de verdad. Tan cierta como tu nombre.
Tu nombre, que ha estado ahí desde el principio y antes.
Tu nombre, que por mucho que lo diga, me llenará la boca sólo de poder decirlo por ser tuyo.
Tu nombre, que lo mire por donde lo mire era y es lo que quiero expresar que es sin decir la palabra 'precioso'.
Tu nombre, que a veces se me escapa de las manos y de la boca.
Que hace ya mucho tiempo dejó de hacerme un nudo en la garganta para hacerme tiritar en él.
Tiritar de escalofrío, del escalofrío tan 'escalo' y sin 'frío' que a veces me cuesta reconocer.
Con lo suave que puedo llegar a decírtelo.
Con lo que puede hacerme sentir llamarte así.
Despacio, y que no te duela. Porque es tu nombre, y...a veces me la juega.
No quiero que por nada del mundo te cause mala sensación. Es tu nombre, y tú mi amor.
Y aún pudiendo seguir llamándote amor, quiero que sepas, que si te llamo Andrea, no es poca cosa, ni es 'frío', ni es de roca, ni viento.
Es mi mundo, es 'escalo', y aunque no lo creas, me toca dentro.